Alix desde el tablao

Hace unas semanas escribí sobre la ilusión de tener unas palabras con García Alix después de leer su libro Moriremos mirando. Curiosamente, el encuentro se ha producido muchos años antes de lo que yo me imaginaba.

Debida a la presunta confidencialidad que mi trabajo me impone no puedo explicar los detalles del encuentro, pero sí, por supuesto, mis impresiones y palabras sobre uno de los fotógrafos más reconocidos del entorno artistico español.

Nunca imaginé que la primera vez sería con casco, ni que nos fumariamos un cigarro con sabor a manzana, aunque podría haberlo presentido por su declarado amor a las motos y su inflexible adicción al tabaco.

De Alix sorprende que todavía pueda gritar cuando habla, con esa pura pasión que un año detras de otro, le han ido robando la voz. Detrás de su voz también hay un hombre en blanco y negro, así le recuerdo. Atractivo, sin un hígado, parece que Alix ha hecho un pacto con el diablo para seguir envivo.

Como supuse las once sería muy temprano para él, le acompañé al bar para un obligado café antes de empezar… me ha mirado varias veces, eterno callado, parecía que aún su voz permanecía dormida. Le hablé de Moriremos mirando, ¿lo has leido?, me pregunta. Claro, respondo… ¿Qué te parece?, me pregunta.

Me enredo en cumplidos, la sinceridad incluso positiva  es ingrata a la hora de desayunar.

Después del café…

La espera y el espacio animan a los asistentes, Alix enciende su voz, pide agua, da unos taconeos en el escenario, ¿qué hace Alix en un tablao?

“Moriremos Mirando es la versión light de lo que verdaderamente viví”, me confiesa tranquilo, apurando el cigarrillo. Parece difícil sacarle las palabras, da lo mismo, el encuentro con su mirada es suficiente. Tiene los ojos vibrantes, maduros de haberse pegado tantas hostias, que incluso queriendo ser imprudente, su habla es pausada y pensada, consciente de todo lo que muestra…tragando saliva, por todo lo que calla.

Se despide de mi, me llama, me da dos besos apretados que me abrazan.

La mañana se ha terminado, sino…el fotógrafo de la movida seguiría hablando… consciente de que hoy ha sido él quien se ha dejado la camara en casa, arrepentido de haberla abandonado tantas veces por la heroína.

Y así…o no,

continuará.

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